Han pasado más de 400 años desde que Miguel de Cervantes ideara a ese loco hidalgo que, todavía hoy, continúa reeditándose. Sin saberlo, no solo estaba escribiendo la obra literaria por excelencia de la Humanidad. Además, estaba plasmando con absoluta inocencia uno de los compañeros por excelencia del hombre: al vino. Una bebida que, a lo largo de las andanzas de su singular caballero, cuenta con más de 40 referencias entre unas páginas cargadas de aventuras, símiles y grandes frases para el recuerdo. La mejor muestra de que, incluso entonces y en aquellas tierras de La Mancha, el vino ya tenía un peso específico en la sociedad.
Puede resultar paradójico porque ni de lejos Cervantes imaginaría que La Mancha dedicaría hoy más de 300.000 hectáreas al cultivo del viñedo. Y, sin embargo, ya de aquella el peso de esta planta bendita por los siglos y la meteorología era increíblemente importante para esta zona. Tanto que el escritor no solo no podía relacionar a su hidalgo con ella sino que, además, hoy por hoy leer El Quijote puede ser una auténtica ruta por las zonas de producción de vino manchegas.
Dejando de lado estas casualidades, lo cierto es que el vino en El Quijote tiene un peso singular. Uno que, además, permitió a Cervantes retratar incluso la sociedad de la época a través de él. A través de su uso, de su consumo. De sus características. Pero casi siempre con un solo interlocutor: Don Quijote. Ese loco errante y amante de Dulcinea que no solo encarna sueños e ideales. También esa sabiduría que, con locura o sin ella, hace de este personaje uno tan único como sus aventuras.
Es tal el peso del vino en su carácter que hoy queremos rendirle homenaje recuperando algunos de los fragmentos más célebres del hidalgo. Unas que, lejos de ser accesorias, nos permiten entender mejor esa época en la que Cervantes decidió escribir para siempre su propia página en la historia.
http://noticias.winetoyou.es/el-vino-cervantes/
https://sobremesa.es/not/1393/recorrido-literario-por-los-vinos-de-cervantes-y-su-epoca/


